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La actitud juega un papel primordial en el Jiu Jitsu, ya que no sólo debe acudirse al Keikoba para un entrenamiento físico, sino también mental y espiritual. Cuerpo, mente y espíritu son tres valores indisociables y para mantenerlos de este modo durante el entrenamiento el jiu jitsuka deberá disponer de máxima atención y concentración, evitando distracciones e interrupciones injustificadas, comentarios fuera de contexto, o técnicas que no estén acordes al momento o antigüedad de los ejecutantes ya que podría lesionar a su pareja de práctica o a sí mismo. Valores tales como la humildad y el respeto estarán presentes en todo momento, al no asumir actitudes de superioridad ante el resto de la clase o cuestionar las enseñanzas del Sensei mediante comentarios fuera de lugar o tratando de imponer criterios personales. El respeto no solo será dirigido hacia el contexto del Jiu Jitsu sino a todo Arte Marcial, evitando críticas o comentarios innecesarios y desvalorizantes. El trato periódico con el grupo no deberá caer en un exceso de confianza ya que prácticas de este tipo conducen a relajar la disciplina en cuanto a comportamiento y puntualidad. Por último los cinturones de mayor antigüedad estarán atentos a corregir, aconsejar o guiar al resto, remarcando sobre todo la postura corporal durante prácticas, explicaciones y descansos. También deberá prestarse suma atención al saludo, teniendo en cuenta que antes de ingresar o al retirarse del tatami se saludará en señal de respeto al lugar de la práctica y que ambas acciones (ingresar o retirarse) serán supervisadas por el Sensei o por el que está a cargo al momento de su ausencia. Todos estos conceptos están resumidos en el Keikoba Kun o juramento al lugar de entrenamiento:
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